Son las 03:37 horas, -3 grados de temperatura marca el termómetro que está en el balcón. Me dormí sobre las 02:30, es decir que he dormido cerca de una
hora. Soñé con el estanque del Retiro, era un día gris y por fin navegaba en una de las barquitas. Había más navegantes, familias, novios, grupos de amigas, todos reían, parecían escapados de un día soleado y no estaban muy acordes sus miradas y sonrisas con el cielo plomizo que nos cernía. Hundí el remo y se enterró en algo viscoso, lo levanté y salieron varios tomates en un racimo, tomates gigantes que repugnaban solo de imaginar darles un bocado estando bañados por aquellas aguas estancadas de las que salían. Sacudí el remo con fuerza y los grandes tomates fueron a dar al interior de la barca que estaba junto a las fuentes. Se enfadó la chica del piercing en la nariz como de toro y con gesto airado me los devolvió pero no llegaron hasta mí, se volvieron a hundir diluyéndose tras de sí y dejando en el agua una mancha roja, un chapapote como de sangre espesa. Me incliné para ver si era sangre o tomate frito ¿Tomate frito? Sí, fue lo que pensé. Se tambaleó mi embarcación, se volcó y caí en el agua que estaba helada, lograba flotar, nadar con pesadez, con mucha lentitud podía avanzar, tiritaba de frío, me dolían las piernas y las manos por el frío (debía habérseme corrido el edredón) Me dije a mí mismo: Soy Nino Tarvos y no me voy a suicidar ¿Por qué me imagino saltando sobre mi tumba?. Llegué a la orilla del estanque y estaba en Playa Victoria, me sentí extraviado en Cádiz hasta que vi, un poco más allá, pasado el malecón, que estaba la plaza de Cascorro, que era domingo y podía comerme una paella entre la festiva agitación del Rastro de Madrid. Noté que tenía el remo aún entre mi mano, lo tiré sobre la arena y eché a andar y me desperté. No logré volver a dormir. Sentí hambre y encontré en la nevera unos macarrones de ayer y algo de tomate frito en un viejo brik ennegrecido el borde del agujero por la salsa acumulada y seca, en ese momento no pensé en el estanque, lo mezclé todo con un poco de queso y orégano y lo metí al micro. Encendí la tele y un chico insistía en que le llamaran para repartir premios, me llevé a la boca un poco de pasta, miré al chico de la tele rodeado de números y palabras titilantes, no entiendo este tipo de programas. Se fundió la bombilla de la habitación, apagué la televisión, me estremeció la luz lunar sobre mis piernas y los macarrones en medio de la oscuridad. Me acerqué a la ventana, insistí en comerme otro bocado de la desastrosa pasta, encontré su parecido con la mancha viscosa de mi sueño, me produjo arcadas, abandoné el plato sobre la mesilla de noche, el tenedor hizo un estruendo exagerado en medio del silencio al chocar con el plato. Encendí una vela, busqué en el libro de interpretación de los sueños qué quería decir soñar con tomates pero no había ninguna referencia, ni siquiera a verduras en general. Estanque sí lo encontré: “Estanque con agua sucia: Traición de algún amigo fiel. Malas noticias, grandes decepciones, hondas preocupaciones, viejas tristezas”. Es verdad, sobre todo estoy triste, sobre todo cargo con hondas preocupaciones y viejas tristezas, y nuevas, las antiguas que se renuevan y hacen más viejo, más hondo, más profundo todo lo que me disgusta y decepciona. Soplo la llama de la vela y acabo con ella, veo en el reloj electrónico del DVD que son las 04:00 horas, no voy a lavar el plato para no hacer ruido, guardo los restos de la pasta en la segunda balda de la nevera. Vuelvo a la habitación, doy al interruptor pero la luz no se enciende, recuerdo que se ha fundido. Pienso que debería irme a la cama, pero no quiero hacer eso. Pienso que debería cambiar la bombilla pero tampoco quiero hacer eso. Pienso que debería hacer otra cosa pero no sé qué, me quedo así inmóvil enmarcado por el agujero de la puerta, siento que no tengo donde ir, que no quiero ir a ninguna parte. Todo está pálidamente iluminado por la luna, el inmovilismo se rompe con un ruido, alguien sube o baja la persiana de alguna ventana, el sonido viene del patio, me gustaría ver quién es, ser voyeur de alguien que confía en que nadie verá su desnudez por la hora que es y puede moverse libremente en cueros por su habitación con la persiana subida, no me gusta tanto la idea como para moverme, ninguna idea me gusta tanto como para moverme, ninguna idea que me mueva, me siento vacío. Me doy cuenta de que estoy vacío, de que es verdad, de que estoy paralizado, de que no quiero ir a ninguna parte, ni siquiera a la cama que tengo frente a mí porque en realidad no tengo donde ir para llegar, para llegar verdaderamente como un buen destino, como un destino deseado. Debería… debería… debería encontrar motivos para vivir. Me dejo caer, me siento en el suelo y recuesto parte de mi columna en el marco de la puerta. Recuerdo que estoy muy triste, que ningún esfuerzo me vale para volver a la vida vibrante y feliz. Me pongo a llorar, no me quiero morir pero no sé cómo vivir. Qué lejos está todo, que lejos están todos ¿Y yo? Qué lejos estoy yo ¿Dónde estoy? ¿Cómo volver a dar conmigo y con mis animados sueños? No encuentro nada de lo que soñé para mi vida. Debería cambiar mis sueños antiguos por alguno nuevo y más real, busco entre mis deseos actuales y no encuentro ninguno. Un deseo, solo uno que me haga ilusión. No, no doy.
hora. Soñé con el estanque del Retiro, era un día gris y por fin navegaba en una de las barquitas. Había más navegantes, familias, novios, grupos de amigas, todos reían, parecían escapados de un día soleado y no estaban muy acordes sus miradas y sonrisas con el cielo plomizo que nos cernía. Hundí el remo y se enterró en algo viscoso, lo levanté y salieron varios tomates en un racimo, tomates gigantes que repugnaban solo de imaginar darles un bocado estando bañados por aquellas aguas estancadas de las que salían. Sacudí el remo con fuerza y los grandes tomates fueron a dar al interior de la barca que estaba junto a las fuentes. Se enfadó la chica del piercing en la nariz como de toro y con gesto airado me los devolvió pero no llegaron hasta mí, se volvieron a hundir diluyéndose tras de sí y dejando en el agua una mancha roja, un chapapote como de sangre espesa. Me incliné para ver si era sangre o tomate frito ¿Tomate frito? Sí, fue lo que pensé. Se tambaleó mi embarcación, se volcó y caí en el agua que estaba helada, lograba flotar, nadar con pesadez, con mucha lentitud podía avanzar, tiritaba de frío, me dolían las piernas y las manos por el frío (debía habérseme corrido el edredón) Me dije a mí mismo: Soy Nino Tarvos y no me voy a suicidar ¿Por qué me imagino saltando sobre mi tumba?. Llegué a la orilla del estanque y estaba en Playa Victoria, me sentí extraviado en Cádiz hasta que vi, un poco más allá, pasado el malecón, que estaba la plaza de Cascorro, que era domingo y podía comerme una paella entre la festiva agitación del Rastro de Madrid. Noté que tenía el remo aún entre mi mano, lo tiré sobre la arena y eché a andar y me desperté. No logré volver a dormir. Sentí hambre y encontré en la nevera unos macarrones de ayer y algo de tomate frito en un viejo brik ennegrecido el borde del agujero por la salsa acumulada y seca, en ese momento no pensé en el estanque, lo mezclé todo con un poco de queso y orégano y lo metí al micro. Encendí la tele y un chico insistía en que le llamaran para repartir premios, me llevé a la boca un poco de pasta, miré al chico de la tele rodeado de números y palabras titilantes, no entiendo este tipo de programas. Se fundió la bombilla de la habitación, apagué la televisión, me estremeció la luz lunar sobre mis piernas y los macarrones en medio de la oscuridad. Me acerqué a la ventana, insistí en comerme otro bocado de la desastrosa pasta, encontré su parecido con la mancha viscosa de mi sueño, me produjo arcadas, abandoné el plato sobre la mesilla de noche, el tenedor hizo un estruendo exagerado en medio del silencio al chocar con el plato. Encendí una vela, busqué en el libro de interpretación de los sueños qué quería decir soñar con tomates pero no había ninguna referencia, ni siquiera a verduras en general. Estanque sí lo encontré: “Estanque con agua sucia: Traición de algún amigo fiel. Malas noticias, grandes decepciones, hondas preocupaciones, viejas tristezas”. Es verdad, sobre todo estoy triste, sobre todo cargo con hondas preocupaciones y viejas tristezas, y nuevas, las antiguas que se renuevan y hacen más viejo, más hondo, más profundo todo lo que me disgusta y decepciona. Soplo la llama de la vela y acabo con ella, veo en el reloj electrónico del DVD que son las 04:00 horas, no voy a lavar el plato para no hacer ruido, guardo los restos de la pasta en la segunda balda de la nevera. Vuelvo a la habitación, doy al interruptor pero la luz no se enciende, recuerdo que se ha fundido. Pienso que debería irme a la cama, pero no quiero hacer eso. Pienso que debería cambiar la bombilla pero tampoco quiero hacer eso. Pienso que debería hacer otra cosa pero no sé qué, me quedo así inmóvil enmarcado por el agujero de la puerta, siento que no tengo donde ir, que no quiero ir a ninguna parte. Todo está pálidamente iluminado por la luna, el inmovilismo se rompe con un ruido, alguien sube o baja la persiana de alguna ventana, el sonido viene del patio, me gustaría ver quién es, ser voyeur de alguien que confía en que nadie verá su desnudez por la hora que es y puede moverse libremente en cueros por su habitación con la persiana subida, no me gusta tanto la idea como para moverme, ninguna idea me gusta tanto como para moverme, ninguna idea que me mueva, me siento vacío. Me doy cuenta de que estoy vacío, de que es verdad, de que estoy paralizado, de que no quiero ir a ninguna parte, ni siquiera a la cama que tengo frente a mí porque en realidad no tengo donde ir para llegar, para llegar verdaderamente como un buen destino, como un destino deseado. Debería… debería… debería encontrar motivos para vivir. Me dejo caer, me siento en el suelo y recuesto parte de mi columna en el marco de la puerta. Recuerdo que estoy muy triste, que ningún esfuerzo me vale para volver a la vida vibrante y feliz. Me pongo a llorar, no me quiero morir pero no sé cómo vivir. Qué lejos está todo, que lejos están todos ¿Y yo? Qué lejos estoy yo ¿Dónde estoy? ¿Cómo volver a dar conmigo y con mis animados sueños? No encuentro nada de lo que soñé para mi vida. Debería cambiar mis sueños antiguos por alguno nuevo y más real, busco entre mis deseos actuales y no encuentro ninguno. Un deseo, solo uno que me haga ilusión. No, no doy.
Termino de caer enteramente en el suelo, me hago un ovillo, me duele el estómago y continúo llorando. Lloro por poco tiempo pero estremecedoramente. Vuelvo al vacío, a una quietud casi de rigor mortis, imagino que si muriera en ese mismo instante de un infarto o de pura desesperanza me encontrarían así, como buscando volver al inicio, en posición fetal, habiendo escogido la misma postura para entrar y para salir de este mundo. ¿Quién me encontrará? La policía, después de varios días, quizá en semanas alguien note mi ausencia o el mal olor de mi cadáver y venga la policía a remover el cuerpo. Pienso en el dolor de quienes me aman al saber que me encontraron así, al conocer mi inefable muerte, eso me estrangula de más dolor y me hunde en un llanto de estertores y rasgaduras internas. Me quiero morir. Me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir… Me levanto a toda prisa por una arcada que definitivamente acaba en vómito, vomito abrazado a la taza del váter. El llanto ha desaparecido, la angustia ha desaparecido, vomitar es demasiado real y no puedo ocuparme de otra cosa. Cesan las arcadas y la mancha de bilis, mocos, pasta y tomate o sangre flotando a centímetros de mi cara, vista de frente, penetrante su olor, me recuerda el sucio estanque de mis sueños. Son las 05:52 horas y hace mucho frío. Tiro de la cadena.
Imagen: A unique sculpture making innovative use of drirtwood and rotten toamaotes by Natalie and Katie. http://csdailyblog.wordpress.com/2010/09/16/drawn-to-nature-class/#

Vaya, excelente, redondo, aún con su dureza pero tienen mucha mucha humanidad.
ResponderSuprimirAbrazos
Gracias Claudia, coincides con las y los analistas de quien hasta ahora ha sido mencionado aquí como nuestro protagonista: Nino Tarvos, del que dicen que su humanidad no deja indiferente.
ResponderSuprimirMe ha gustado mucho. De los que más. Sobre todo la descripción del sueño: tiene buen ritmo y atrapa. Por otro lado, como el aspecto autobiográfico es obvio, quisiera decir que 1) No estás lejos, amigo (lejos estoy, carajo). 2) No te suicides, please! 3) En la inmovilidad hay una pista interesante. Te cito: "Pienso que debería irme a la cama, pero no quiero hacer eso. Pienso que debería cambiar la bombilla pero tampoco quiero hacer eso. Pienso que debería hacer otra cosa pero no sé qué, me quedo así inmóvil". La inmovilidad, un hemisferio angustioso en tu esfera existencial. Efectivamente, sin sentido ni entusiasmo, el movimiento cuenta con la inercia o poco menos. ¡Cambia el bombillo! Mira una porno. O, mejor, duerme feliz, como un bebé. Los niños no se regodean en la inmovilidad (no tienen tiempo para eso). Así que a cambiar la bombilla como un niño sabio mas no filósofo. Y a dormir como Carlitos, el niño.
ResponderSuprimir1) Yo no estoy lejos, estoy en todas partes y tu conmigo
Suprimir2) Yo ni me suicidé, ni me suicido a pesar del portentoso espíritu saturnino que nos hace distinguidos a muchos creadores, your welcome!
3) Mucho movimiento, hemisferio gozoso en mi existencia. Bombillo/a cambiado/a. Porno visto y bien utilizado según su finalidad. Durmiendo muy bien.
También se hablaba de inacción en la anterior entrada, es una de las principales realidades y sensaciones del sufrido suicida, condenada como acedia y muy vinculada a la melancolía (a esta última, inevitable y complacidamente se le dedicará un post más adelante) por el medievo.
4) El que sigue jodido es Nino Tarvos, al que tendrás que venir a ver si cumple su palabra o saltar sobre su tumba.
5) Como parte del trabajo y su efecto me alegro de que genere inquietud.
6) Gracias por los halagos.
Los ensayos comienzan a germinar y el engranaje irá llegando.
El tránsito que mencionas pertenece a una calle que dejamos atrás hace mucho tiempo y que a lo mejor para ti sigue pareciendo cerca por aquel asunto complejo de 'ser y tiempo'; ni sé ni me interesa como volver.
Como parte del ejercicio experimental de este blog, me he prometido no censurar, ni borrar ningún comentario y aunque el tuyo se corresponda más con el ámbito de lo privado, respetaré aquello que te movió a hacerlo público o su auto-remoción si eso decides. Mientras tanto ahí te quedas, ahí quedamos (!)
No me voy a suicidar por mí, pero por ti Carlitos ufff, me lo pensaría. Jejeje
ResponderSuprimirS.
Enhorabuena por tu blog. Me gusta y te animo a seguir. Que sepas que tienes un lector.
ResponderSuprimirJPG
Miro las manzanas en el árbol sobre el agua y no sé por qué pero pienso en la Melancolía de Von Trier... Y luego empiezo a leer y.. aaauuuuu... Joder, qué fuerza Carlos, vaya espiral de sueño, lago, chapoteo, tomate, despertar, vela, bombilla, noluz, vómito.... Fantástica ventana a bocajarro a las tripas de Nino Tarvos, ¡ya ardo en deseos de conocerle! Coincido con Jules en ese arranque-estanque vertiginoso, aaah, que imagen tan vívida la de la adolescente arrecha con nariz de toro... Y luego la casa, la chirriante tele, la comida reciclada, la casa trampa, la cama lejana... y la necesidad del gesto visceral, del vómito, para acabar (de momento) con el letargo inmóvil. Me ha encantado. Consejo con humildad para el señor Tarvos, si no quiere ver porno o dormir como un niño (o sea, ¿llorando y dando la matraca?)... ¿qué tal si cambia la fallida bombilla incandescente por una de bajo consumo a lo bolivariano? ;-)
ResponderSuprimirGracias S., no hace falta, yo a ti, respecto a mí, te pediría que te pensaras otras cosas ;)
Suprimir*
Gracias JPG (je, je, je, te lo habrán dicho muchas veces: lo de tus iniciales de archivo de imagen, les haces honor, tu bella imagen es para tenerla en cuenta y cuando menos archivarla para no dejarla pasar). Bienvenido entusiasta lector.
*
Alvaritooooooo!! Qué ilusión tus apreciaciones, que nutritivos sois todos. Por cierto aprovecho para decirle a Julián lo primero que escribí en la respuesta que le dediqué y que luego no quedó reflejado por mis prisas:
'Sobretodo tu amor Yulian, sobre todas las cosas lo que siento es tu amor protector, el amor de las amigas y los amigos siempre me resulta redentor. Gracias también por ese benévolo amor que yo también guardo para tí entrañable "hermamigo"'.
Y ahora, con su perdón, seguro que sí, Don Álvaro retomo con usted:He descubierto que Nino no es vegetariano, ni ecologista, con lo cual le has venido a dar un buen consejo :)
Siiiiiii, el amor, eso es. Las bombillas, los cuentos de suicidas que saben que lo último que se gana son las ganas de suicidarse, porque el sentido de la vida se resuelve a partir de pequeños problemas como la bombilla de bajo consumo o la de toda la vida (pero que al menos "ilumine"). Amor como el de los hermanos que se eligen y que vivimos en distintos lugares del mundo, con el mismo desparpajo y con la misma conexión que si viviéramos en la misma calle. Con protección y cuidado, porque los amigos hermanos no se consiguen a la vuelta de la esquina (de esa calle).
SuprimirCuesta mucho darse cuenta a veces de eso, de que llegar a una gran solución supone pequeñas soluciones, a veces resueltas en la cotidianidad,que van forjando esa gran victoria. Quedarnos solo en la ilusión del gran día puede llevarnos a perder todas las horas que tienen que pasar para llegar hasta allí. ¿Te interpreto bien? Mi entrañable, mi gran Julián, desde esta nuestra calle,el mismo y eterno abrazo.
SuprimirMás que bien, majo!!
Suprimir¡Es muy fuerte! Me ha impresionado y gustado.
ResponderSuprimirGracias Aguakate, a mi me impresionas y me gustas tú ;)
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